Tomatazos, cines y leyes: el curioso origen de una tradición que llegó hasta nuestros días

Cuando una película recibe malas críticas solemos escuchar expresiones como: "la destrozaron", "fue un fracaso" o incluso "le dieron tomatazos". Pero ¿alguna vez te has preguntado de dónde viene realmente la idea de lanzar tomates a un espectáculo y qué relación tiene con las leyes y los cines modernos?

La imagen de un público enfurecido lanzando tomates a actores sobre un escenario forma parte del imaginario popular occidental. Aunque existen debates sobre qué tan frecuente fue realmente esta práctica, durante los siglos XVIII y XIX era común que los espectadores manifestaran su descontento de manera mucho más ruidosa y agresiva que en la actualidad.
En teatros y espectáculos públicos, los asistentes podían abuchear, silbar e incluso arrojar objetos a los artistas cuando consideraban que una actuación era deficiente. Los tomates, frutas demasiado maduras y otros alimentos baratos se convirtieron en símbolos de desaprobación porque eran fáciles de conseguir y causaban un impacto visible sin representar un riesgo tan grave como otros objetos.
Con el tiempo, la imagen del tomate volando hacia el escenario se volvió una representación cultural del rechazo del público, incluso cuando en la práctica ocurría con mucha menos frecuencia de lo que muestran las películas y caricaturas.
Cuando el cine comenzó a popularizarse a finales del siglo XIX y principios del XX, heredó muchas costumbres del mundo teatral. Sin embargo, las salas de cine pronto establecieron reglas más estrictas para garantizar el orden.
A diferencia del teatro tradicional, donde la interacción con los artistas podía ser directa, en el cine no había actores presentes sobre el escenario. Aun así, los espectadores continuaron expresando su opinión mediante aplausos, abucheos y comentarios, aunque lanzar objetos dejó de ser una conducta aceptada.
La expresión "dar tomatazos" sobrevivió como una metáfora. Ya no significaba arrojar tomates físicamente, sino criticar duramente una obra, película o presentación.

Actualmente, las salas de cine son espacios privados abiertos al público. Esto significa que sus propietarios pueden establecer reglamentos internos siempre que respeten la legislación vigente.
En muchos países, lanzar objetos dentro de una sala puede considerarse una falta administrativa o incluso una conducta sancionable si pone en riesgo a otras personas o daña las instalaciones. Además, los cines suelen reservarse el derecho de expulsar a quienes alteren el orden o afecten la experiencia de otros espectadores.
Las normas modernas buscan proteger tanto la seguridad como la comodidad de los asistentes. Lo que en otros tiempos podía verse como una forma de participación del público hoy sería considerado una conducta inapropiada.
La razón es simple: las expresiones culturales suelen sobrevivir mucho después de que desaparecen las costumbres que les dieron origen.
Hoy, cuando un crítico publica una reseña negativa o una película recibe una mala calificación del público, se dice que recibió "tomatazos". De hecho, varios sitios especializados en cine han adoptado esta imagen como símbolo de la opinión de los espectadores, utilizando el tomate como un ícono universal de aprobación o desaprobación.
La frase se ha convertido en una manera divertida de describir el juicio del público sin necesidad de que ningún tomate salga volando.
La expresión "dar tomatazos" nació de una antigua tradición asociada al rechazo público en teatros y espectáculos. Con el paso del tiempo, las leyes, los reglamentos y la evolución de los espacios de entretenimiento hicieron desaparecer estas conductas de los cines modernos. Sin embargo, la imagen del tomate como símbolo de una mala recepción sobrevivió y continúa formando parte del lenguaje popular y de la cultura cinematográfica.
La próxima vez que escuches que una película recibió muchos "tomatazos", recuerda que detrás de esa simple expresión existe una historia que conecta siglos de entretenimiento, normas de convivencia y la forma en que el público expresa su opinión.
Derechos de imagen © Laura Ruiz Estrada. La Plaga es una publicación independiente de crítica y entretenimiento.